El castillo de Eggenberg en Graz

castillo de Eggenberg

En el mismísimo corazón de Estiria y a tan sólo 3 km al oeste de Graz, se eleva el castillo Eggenberg. Su exquisita composición barroca, el parque natural en él se alberga y las riquezas que guarda en su interior, le han llevado a convertirse en uno de los monumento más visitados de toda la región. Se trata de una obra arquitectónica construida en los inicios del Barroco, cuya composición intenta plasmar, nada más y nada menos que la compleja simbología del Universo.

Fue Johann Ulrich von Eggenberg, aristócrata próximo al círculo del emperador Fernando II, quien ordenó la construcción del edificio al arquitecto italiano Pietro de Pomis. Y fue también él, un hombre de estado, docto, leído, amante de la naturaleza y de la expresión matemática de ésta, quien aplicó la utopía en el castillo. Según sus ideas, esta belleza arquitectónica se erigiría como una concreción de lo simbólico, donde todos los conocimientos, todos los elementos naturales y las fuerzas del Universos tendrían su lugar.

Así fue concebido y así resulta hoy en día; sus esquinas se orientan en las direcciones del viento, de forma que el sol recorre todo el edificio a lo largo del día, aplicando su energía en una fachada distinta según la hora del día; las cuatro torres dominantes en los extremos representan los cuatro elementos de la naturaleza; y, en general, todo el conjunto aparece diseñado según un estricto patrón numerológico.

Valga como muestra de esto último las 365 ventanas exteriores, correspondientes a los días del año, las 31 habitaciones de cada piso, que reflejan los del mes, o los 24 fastuosas salas ubicados en el perímetro del castillo representantes de las horas del día.

Por supuesto, en una creación tan acorde con la naturaleza no podían faltar los espacios verdes. El Schlosspark o parque del castillo constituye una maravilla en color verde. Estos espacios que fueron restaurados en el correr de nuestro siglo, ofrecen hoy en día el estilo inglés original en el que fueron concebidos. Se trata, pues, de parajes románticos jalonados de pequeños pabellones y nobles flores.

Una vez allí no es de honor concentrarse exclusivamente en el exterior del castillo Eggenberg, ya que su interior también esconde sorprendentes espacios. La Galería de Arte Antiguo y el Museo de Caza toman los pisos inferiores para impresionar al visitante a su paso.

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