El Campo de concentración de Mauthausen

El Campo de concentración de Mauthausen

Uno de los capítulos más oscuros de la historia europea mantiene encendida la llama del recuerdo en el Campo de concentración de Mauthausen, hoy convertido en un sitio de interés turístico diseñado para la reflexión y el respeto. Está ubicado en la Alta Austria, a 25 kilómetros de Linz.

El edificio, en épocas del Tercer Reich, no funcionó como un campo de exterminio -como sí fueron Auswitch o Treblinka- sino como centro de trabajo esclavo. Actualmente, se realizan recorridos a pie por las habitaciones, los comedores, las salas de castigo y las canteras donde sus prisioneros eran sometidos a tareas indignas, casi sin descanso y con la alimentación mínima.

Muchos de ellos fallecían al no poder soportar el ritmo ni las presiones. Las crónicas históricas aseguran que era uno de los campos de trabajo pesado más violentos que había instaurado el régimen nazi.

Las cifras son desagarradoras: se calcula que pasaron por allí más de 200 mil prisioneros (la mayoría judíos, polacos y rusos), de los cuales apenas sobrevivió la mitad. En esta zona de la Alta Austria funcionaban distintos campos de concentración, dado que el cordón alpino les ofrecía una protección natural para llevar adelante su inhumano objetivo. Fue uno de los reductos nazis que más tiempo se mantuvo funcionando.

Visitar este centro histórico es una actividad muy movilizadora, y sin dudas fundamental para comprender las atrocidades cometidas durante la Segunda guerra mundial. Durante el recorrido se pueden observar seis cámaras de gas, que nunca se utilizaron pero estaban instaladas en el caso de que sean necesarias, y la tristemente célebre Escalera de la muerte, conformada por 189 escalones irregulares que los prisioneros tenías que subir cargados con enormes piedras. También las recámaras de tortura, donde sucedían flagelaciones, entre otras monstruosidades.

El trabajo se realizaba en condiciones particularmente duras, no había clemencia, se exigía a los presos hasta que quedaban agotados. Aquellos que no podían continuar con el trabajo en la cantera eran transferidos a un campo central para ser exterminados. También se supo de que, allí mismo, se utilizaba el recurso de la inyección letal. Luego los cuerpos eran cremados y sus cenizas dispersadas por cualquier parte.

Foto vía: zweiterweltkrieg



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